¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No! ¡Es Super Mariano!

¡Ha ocurrido el milagro! ¡España está a salvo! ¡La crisis ya tiene fecha de caducidad! El paro pronto será un mal recuerdo y el desahucio desaparecerá definitivamente como término jurídico. Es hora de salir a la calle, gritar aleluya y festejar con champan esta nueva etapa de bonanza. ¿No te gusta tu trabajo? ¿Tu jefe es un imbécil? ¡Lárgate! A partir del 20 de noviembre las empresas se rifarán tus servicios ante la inminente escasez de empleados (sí, sí, ¡empleados!) que habrá en España. ¿Por qué? ¿Cómo que por qué? ¡Porque Zapatero ha convocado Elecciones Generales! ¡Porque por fin Mariano Rajoy podrá subir a lomos de su astado político y guiar a su pueblo por el camino de la esperanza y la salvación! ¡Alabado seas Super Mariano!

En realidad la imagen de Mariano Rajoy comandando un rebaño de ovejas a través de las llanuras vallisoletanas a lomos de una Vespa de los años sesenta, se acerca más a mi percepción del panorama actual, pero siempre que comparo al pueblo español con ganado decenas de individuos portadores del estandarte de lo políticamente correcto se me echan encima. Coño, si somos unos borregos pues somos unos borregos. ¿Acaso pensabais que el liderazgo de Sálvame y Supervivientes era casualidad? Y es que yo, al igual que Dios, ni juego al azar ni creo en la casualidad.

Una fecha controvertida, no cabe duda. Pero bueno, de haber elegido el 25 de diciembre, también festivo, los reproches habrían llovido de igual modo. Lo cierto es que el Partido Popular y sus allegados podrán brindar su victoria en las urnas a modo de homenaje al dictador que con tanta bravura defienden. El resto de España tendrá al menos el consuelo de celebrar los treinta y seis años que Paquito lleva asesinando gusanos de indigestión. Y es que ya lo dice el refrán: “Quien aquí es genocida, lo es en la otra vida”. Efectivamente me lo he inventado. Pobres anélidos.

Y un Sánchez Dragó salvaje apareció. En un artículo publicado en la edición digital de El Mundo mostraba su algarabía por el adelanto de las elecciones recitando estupideces como: “Su intención (refiriéndose a la fecha, 20-N) es la de trasladar subliminalmente a los españoles el mensaje de que, si lo eligen, la fecha en la que tamaña catástrofe suceda significaría para el país lo mismo que en 1975 significó la muerte del Caudillo“. Eh, tú, y más pancho que ancho. Este esperpéntico y obsoleto juglar entona su particular Mester de Peperías, tal y como él indica, tras descorchar una botella de champan. A juzgar por las sandeces que escribe es inevitable preguntarse si tal vez no era la primera del día. Y si quizá, sólo quizá, abrir botellas de alcohol a las doce del mediodía es para él una práctica habitual.

Super Mariano, recién llegado del Planeta Génova, salvará a la humanidad. ¡Hombre claro! Pues no sólo resolverá los innumerables problemas por los que atraviesa España. Mariano Kent logrará que el Senado de Estados Unidos apruebe el plan de incremento de deuda, que Gadafi entregue Libia, que Irán abandone la investigación nuclear y, por supuesto, que nos devuelvan el Peñón. Derrotará al fantasma del paro, colmará de riquezas a las Comunidades Autónomas asomadas al abismo de la quiebra y un largo etcétera de hazañas que pasaran a la Historia de la Democracia.

Super Mariano acaba con el paro. (Dramatización)

¿Cómo lo hará? ¡Con sus superpoderes! La atmósfera catastrofista y borreguil que inunda este país, la misma que provoca que millones de personas asocien el término “crisis” con “ZP”, otorga a Super Mariano potestad absoluta para salir de ella. Y así nuestro gran héroe comenzará su particular proyecto de salvación tomando medidas salvajes a las que el gran rebaño responderá con un “beeeeeeee“, o lo que es lo mismo, “es una putada, pero qué remedio, estamos en crisis“. Y supongo, es más, doy por hecho que revocarán todas y cada una de las reformas y leyes que introdujo el Partido Socialista y que tanto han criticado. Así que tranquilos, volveremos a jubilarnos a los sesenta y cinco, desaparecerá el despido justificado en casos de previsión de pérdidas transitorias (tan cercano al despido libre), volveremos a fumar en los bares, etcétera. Y digo etcétera porque si nombrara todo aquello en lo que el PP ha mostrado su desaprobación durante los últimos siete años me jubilaría frente al ordenador. A los sesenta y cinco, por supuesto.

Qué vergüenza que ahora Alfredo Pérez Rubalcaba prometa medidas que el PSOE ya podría haber puesto en marcha. Pero no lo es que el PP no haya compartido con el Gobierno su receta milagrosa anti-crisis, su libro de conjuros de “lo que España necesita”. ¿Qué? Beeeeeeeeeeeee.

Indignante que Alfredo Pérez Rubalcaba, pepéricamente demostrada su participación en el Caso Faisán, se presente a las elecciones. Pero no lo es que Camps asuma el mando de una Comunidad Autónoma. ¿Cómo? Beeeeeeeeeeeeeeeeeeee.

Bochornoso que el senador socialista que fue detenido tras agredir a un policía en Madrid no haya dimitido. Pero no lo es que Pablo Zalba, tras las imágenes en las que parecía intercambiar enmiendas beneficiosas para un ficticio lobby extranjero a cambio de favores futuros, continúe en su cargo. ¿Perdona? Beeeeeeeeeeeeeee.

Seamos justos, si el Partido Popular no ha movido un dedo desde que ejerce la oposición es porque no ha tenido tiempo. Sus constantes peticiones de dimisión han copado su agenda. He aquí una breve lista de cargos socialistas instados a dimitir por los populares: Jose Luís Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba, Antonio Camacho, Casimiro Curbelo, Justo Padilla, Manuel Chaves, Luisa María Noeno, Emilia Quirós,  José Vicente Marce, Ángeles González-Sinde, Simba, … Sí, el último es un personaje de Disney, pero Soraya Sáenz Santamaría (el “de” se lo inventó) está convencida de que fue él quien dio el chivatazo al malvado Scar para que lanzara a su padre a la estampida que acabó con su vida. Y claro que Simba era socialista, como todo artista (y rima).

En fin, que la prima de riesgo vuelve a subir y Moody’s, esa agencia de “diossabequé” y que inexplicablemente parece controlar la economía mundial a su antojo, amenaza con rebajar una vez más la calificación de España. ¡Pero si hemos ganado el Mundial! Y es que aunque nadie tiene la más mínima idea sobre qué significa eso y además, nadie se lo explica, la prensa lo lanza como noticia extremadamente grave y condenatoria. Y en los bares lo comentan como otro síntoma más del advenimiento del fin del mundo, aunque no sepan de qué están hablando.

Yo, cuando sube la prima de Riesgo (David Riesgo, mi vecino del quinto, en la imágen de la izquierda) subo cagando leches simulando una repentina escasez de sal. ¿Ridículo e infantil? Tal vez, pero al menos yo sí sé a lo que subo.

 

 

 

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