Ha muerto Steve Jobs. Sin duda un genio empresarial y un visionario. Para muchos un icono que ha cambiado el mundo. Que merece ser recordado como una de las figuras más importantes de la Historia y comparado con Albert Einstein o Isaac Newton. Para mí, ignorante y al margen de las peleas “Apple-Microsoft”, este hombre sólo tuvo la excelente habilidad de convertir tecnología prescindible en objeto de deseo por parte de las clases medias y altas. Supo manejar la avaricia y el ansia de distinción social propio de las actuales sociedades consumistas para convertirse en un referente: manzana en la carcasa, sinónimo de alto nivel. Hizo mucho para la tecnología, sí. Grandes avances para los estratos medios y altos de la sociedad, sí. Pero mientras este hombre se enriquecía hasta límites que traspasan la cordura, en África, India, Latinoamérica, etc, las mismas personas morían de hambre. Los mismos niños morían de sed. La gente siguió muriendo de SIDA ajena a los milagros que Steve Jobs proporcionaba a la Humanidad. Sigue leyendo
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Como un proyectil que sin encontrar objetivo pierde velocidad para finalmente estrellarse en el mar, el movimiento 15-M achaca ya la falta de combustible y vuela cada vez más bajo, sin fuerza, lejos de cualquier blanco. La explosión social que tuvo lugar hace casi cinco meses se ha diluido cual pastilla efervescente y ahora tan sólo un pequeño grupo continúa en su absurda y transgresora batalla sin metas ni soluciones. Esta es la historia de como el mejor intento de revolución social en España que hayan visto mis ojos fracasa estrepitosamente debido a la falta de rumbo y el desprecio infantil a la maquinaria política. De como centenares de miles de personas cargadas de indignación justificada y necesaria se perdieron por un sendero que nunca existió. Una bonita novela de sublevación popular en pos de una democracia real, cuyo nudo se enmarañó tanto que terminó atorándose sin desenlace alguno. La pésima gestión de la fuerza que imprimían las envestidas ciudadanas ha matado el espíritu del alzamiento a las puertas de los libros de Historia.
Era el día 24 de Noviembre de 1971. El vuelo 305 de Northwest Orient (actualmente Northwest Airlines) no tardaría en despegar desde el Aeropuerto Internacional de Portland con destino a Seattle. El comandante William Scott, el primer oficial Bob Rataczak y el ingeniero de vuelo H.E. Anderson ultimaban los detalles para la salida mientras Tina Mucklow y Florence Schaffner, las azafatas, acomodaban al pasaje formado por 37 personas. Entre ellas se encontraba un hombre de aproximadamente 45 años y 1,80 metros de altura ataviado con una gabardina negra sobre un traje oscuro, camisa blanca, corbata y unos elegantes mocasines. Caminó hasta la parte trasera del avión y tomó el asiento 18C. Portaba consigo un maletín negro, lo que junto a su enjaezada vestimenta le otorgaba un aspecto propio de un hombre de negocios realizando un viaje rutinario por motivos laborales.
Hay quien dice que un blog pierde calidad cuando está falto de contenido. “Un artículo al día por lo menos“. Mi problema, querido público, es que no todos los días tengo algo que contar. Podría, como es costumbre para muchos, rellenar esta página cada jornada con lo primero que pasara por mi cabeza. Escribir cualquier estupidez banal con el único fin de mantener este espacio fiel al ritmo que tanta gente se marca como objetivo. Pero yo, amigos míos, no puedo hacerlo. Me niego a colmar mi pequeño santuario de reflexión e información con basura mediática y noticias extraídas de la prensa retocadas para pasar por propias. Este es mi blog, mi espacio, mi ventana al mundo para quien quiera leerme. Pero a mi ritmo.
Es sin duda uno de los consuelos más utilizados cuando sobrevienen las desgracias: “El tiempo lo cura todo“. Pero al salir de una una situación traumática a menudo tendemos a pensar que no será así. Y es que en ocasiones ha de pasar mucho tiempo para que determinadas heridas cicatricen por completo. ¡Incluso llegamos a pensar que nunca lo harán! Al final siempre gana la cultura popular: “Sana, sana, culito de rana, si no sana hoy sanará mañana“. Toda la razón. Es una cuestión de paciencia.
En pocas ocasiones se ha acumulado tanta creatividad para confiscar su dinero a los ciudadanos. Hoy, cuando las arcas públicas están vacías, reina la misma fruición recaudadora que existía en otras ocasiones para prometer rebajas impositivas. “Bajar impuestos es de izquierda”, se llegó a decir. Ahora, subir impuestos es de izquierda, de derecha y de centro. El ciudadano se pregunta si acaso es imposible domar al Leviatán del Estado o, al menos, confinarlo a un espacio razonable.
En agosto de 2010, hace ya casi un año, Aviación Digital se hacía eco de la extraña situación que se daba en el Aeropuerto de Asturias en relación a la adjudicación de su principal espacio demanial destinado a la restauración. Al principio como amenaza, poco más tarde fue un hecho: ARGA S.L., la empresa local que venía prestando sus servicios en el aeródromo del Principado durante 15 años, era desplazada en favor de la multinacional catalana AREAS. El departamento encabezado por Mariano Sanz Pech tomaba así una decisión que supondría para AENA renunciar a 1.200.000 € en un momento en que su déficit rondaba los 13.000 millones de euros. Pues ese era el montante en que la oferta de ARGA S.L. superaba a AREAS. Pues bien, ¿qué ha pasado después de un año?